Y acá está esa luz otra vez. Y cómo te extraño. A ti y a tus sueños de tantísimas estrellas. De aquí saldré a caminar, y a esperar al Ingeniero. Caminar, es lo que he hecho en los últimos días. Pero no he caminado. Vagar es lo que he hecho. Vagar es lo que hace uno solo. Dos, en cambio, siempre van a alguna parte. Tú y yo estuviéramos yendo a alguna parte. Sobre eso le preguntaré al Ingeniero, a él que es matemático y le encanta, como yo, escribir y pensar absurdos. A los aritméticos les concedo que cuatro es dos veces dos. Pero dos no es dos veces uno. Dos es dos mil veces uno… ¿Y esa frase se la robé a quién? ¿A Chesterton? ¿A Humpsty Dumpty? ¿A alguna cursi canción de The Noisettes?... Contigo aquí, o donde fuese, sería yo dos mil. Dos mil oyendo fascinado tus estupideces inteligentes o tu risa. Dos mil hipnotizado por tu despiste hipnotizador. Dos mil porque le regalas belleza a la imperfección… Y ya, me dejo de numeritos y letras. Y me despido. ¡Si vieras esta luz extraña! Recibe de mí un beso. Vago, esperando pronto verte, y caminar ya a una o todas partes. Te miro siempre desde tus sueños, y en mi pensamiento, en el centro del punto luminoso. Va otro beso, por si el anterior se lo llevan los duendes del Internet. El tercero espero dártelo alguna vez en persona, cuando, prontito o no, y sin matemáticas, te vea…
El Salón De La Aspirina
...¿Qué hacer cuando las palabras inundan los pensamientos? ¿cuando las letras se pierden juntas?...Yo decidí fabricarles un espacio finito, y atacar los dolores que me causan con una común medicina...lugar al que pueden acceder...medicina que les invito a compartir... Bienvenidos
Acerca de mí
- Gr3c0v3
- chico weirdo, con un carácter en franca y permanente mutación, hiper y autocrítico; visionario, que se debate entre su alter-ego estoico y su alter-ego visceral...
viernes, mayo 23, 2008
Luz Oblícua
Te escribo desde un cybercafé en Valencia, esperando aún mi encuentro con mi futuro jefe. Tengo una taza de café por compañía. Un café malo, casi fraudulento. Pero si vieras cómo ésta luz de ahora, sesgada por las nubes, va dorando la taza. Va dorando todo, las paredes graffiteras del local, los rostros de los mocosos mientras juegan en sus computadores, el vapor de la cafetera, el olor a aire acondicionado, mi taza… La luz crepuscular, esa de la que tan poco sé, y que al final de la tarde se hace rosa, naranja y oblicua… Es casi la misma y rara luminiscencia que tenían esas mañanas en las que te me escapabas mientras aún dormías, y te miraba mientras tú mirabas otras mañanas en tus sueños. Otra vez te miraba y otra vez era una mañana de tus sueños de pura luminosidad vital. Y ahora te recuerdo. Te veo soñando tus sueños de tanta esperanza inmune, tan robustos, que tus manos los han aprendido de memoria desde siempre…
lunes, marzo 17, 2008
DESDE EL DÍA QUE TE CONOCÍ
Sólo me bastaron tres horas, tú, y una sala de cine, para quedar sumamente perturbado. Nunca había sentido esa mezcla de embriaguez mental y cosquilleo corporal. Nuestro encuentro fue algo no tan casual, ¡quién diría que una simple salida al cine pudiera ser tan gratificante! No sabía bien quién eras ni de dónde venías, me parecían españoles tus apellidos, tus maneras algo francesas, tu estilo y acento algo caraqueños, y tu belleza un tanto infinita. Tus ojos almendrados parecían guardar secretos, con un toque de luz, como la que desde ese momento inundaría muchos de mis rincones. Pudimos vernos, hablar, conocernos brevemente, luego compartir unos meses, para después crecer por años: de eso cuentan ya nueve, y parece una eternidad.
Acá, frente a la pantalla, trato de escribir un esbozo de lo que significas para mí, con la ilusión de no sonar tedioso, repetitivo y tonto. Y con esperanzas de que, en retrospectiva franca, recuerdes por un segundo y puedas mirar aquel horizonte. Quizá algún día de estos nos encontremos nuevamente, pero con la certeza de que ya seremos otros, pensaremos de manera distinta, pero el nexo seguirá ahí, de la misma manera que aún existe… u otra. De esta manera se nos hará difícil olvidar cómo y cuándo nació lo que siento por ti…
Acá, frente a la pantalla, trato de escribir un esbozo de lo que significas para mí, con la ilusión de no sonar tedioso, repetitivo y tonto. Y con esperanzas de que, en retrospectiva franca, recuerdes por un segundo y puedas mirar aquel horizonte. Quizá algún día de estos nos encontremos nuevamente, pero con la certeza de que ya seremos otros, pensaremos de manera distinta, pero el nexo seguirá ahí, de la misma manera que aún existe… u otra. De esta manera se nos hará difícil olvidar cómo y cuándo nació lo que siento por ti…
domingo, febrero 10, 2008
Poquísimos Amigos
Tanto y todo que se habla del amor, tanto tiempo que se invierte en conseguir por fin una pareja, un hombre perfecto, una mujer ideal, tanta dieta, tanta cirugía plástica, tanto dinero, tanto insomnio, tanto despecho, tanta locura, tanto milagro implorado... y no notamos que quizá el verdadero milagro está siempre muy cerca de nosotros, a nuestro lado, sonriendo, acompañando, sirviéndonos un traguito, conversando... Hago referencia a los amigos, amistades, panas, los de siempre y hasta los nuevos. Son pocos, poquísimos, a veces son mucho menor en número que las personas de las cuales nos hemos (o de las cuales hemos creído estar) enamorado en la vida. En el mejor de los casos los verdaderos amigos no llegan ni siquiera a ser diez ¡pero como son valiosos! ¿o no?.
Se me ocurrió escribir sobre la Amistad con A mayúscula porque estoy en una de lectura y relectura a Padura Fuentes, grandioso escritor cubano que escribe a su antojo sobre crímenes y sobre la polvorienta Habana, pero, sobre todo, sobre ese bello sentimiento. El Conde, su personaje magnífico, tiene muy pocas cosas, poquísimas, pero tiene al Flaco, su amigo, y con eso lo tiene todo. A mí, quizá debido a mi carácter, la verdadera amistad me resulta extremadamente conmovedora. Esa familia que uno elige y que lo escoge a uno, con virtudes y defectos incluidos, que está siempre que debe estar, en las malas, y en especial, en las buenas (que es tan difícil), es la que te hace realmente llevadera la vida. Yo, debo confesarlo, no soy (ni quiero ser) como Roberto Carlos, no quiero ni necesito ni mucho menos tengo un millón de amigos. Tengo poquitos, pero sí les debo un millón de momentos mágicos, centenares de ideas geniales, sonrisas reales, incluso algunos silencios, lágrimas, y miradas llenas de mutua complicidad. Es más, considero que los grandes momentos con la pareja, los que llegan a ser verdaderamente trascendentes, son esos en los que se descubre que mucho mas alla del idílico romance y el buen sexo, se ha logrado ser amigos. Cuidado y ahí está el truco de esos viejitos que pasean tomados de la mano aún después de mil años juntos; quizá ya no se gusten, quizá sí, pero segurísimo que son excelentes compañeros y amigos. Y es así, entre ellos se han tropezado y han caído, han echado suficientes cuentos, importantes o no; se han reído de muchas derrotas, cotidianas o gigantescas; han hablado de su amor y hasta de otros amores, mal o bien; o sencillamente, para comentar que se leyó un buen libro o se vió una gran película, que no terminará de ser buena o grande sino hasta que se comente con ese gran amigo. Yo, a mis amigos, los extraño todo el tiempo y muchísimo, mucho más de lo que los llamo para decírselos, porque vivo inmerso en mis zoquetadas, y porque les respeto demasiado la intimidad, y porque cuando veo que me responden me conmuevo demasiado. Vivo conversándoles en mi mente, y hasta a veces en persona (o por Internet, que últimamente se ha vuelto lo mismo). Por eso arranqué queriendo decir, ¿qué tanto amor, qué tanto romance, qué tanta obsesión por el hombre o la mujer perfectos?, si no hay nada más perfecto que un amigo. Ya sé que en ésta época de vacaciones no es buena fecha para acercamientos porque tienen una acentuación muy familiar, y no siempre la familia de los amigos también es amistosa, y ni modo... Pero mañana, al comenzar la cotidianidad, también comienza una nueva oportunidad. Dénle una vueltita a sus amigos, total, son poquísimos, y agradézcanles el milagro de existir...
Gracias...
Se me ocurrió escribir sobre la Amistad con A mayúscula porque estoy en una de lectura y relectura a Padura Fuentes, grandioso escritor cubano que escribe a su antojo sobre crímenes y sobre la polvorienta Habana, pero, sobre todo, sobre ese bello sentimiento. El Conde, su personaje magnífico, tiene muy pocas cosas, poquísimas, pero tiene al Flaco, su amigo, y con eso lo tiene todo. A mí, quizá debido a mi carácter, la verdadera amistad me resulta extremadamente conmovedora. Esa familia que uno elige y que lo escoge a uno, con virtudes y defectos incluidos, que está siempre que debe estar, en las malas, y en especial, en las buenas (que es tan difícil), es la que te hace realmente llevadera la vida. Yo, debo confesarlo, no soy (ni quiero ser) como Roberto Carlos, no quiero ni necesito ni mucho menos tengo un millón de amigos. Tengo poquitos, pero sí les debo un millón de momentos mágicos, centenares de ideas geniales, sonrisas reales, incluso algunos silencios, lágrimas, y miradas llenas de mutua complicidad. Es más, considero que los grandes momentos con la pareja, los que llegan a ser verdaderamente trascendentes, son esos en los que se descubre que mucho mas alla del idílico romance y el buen sexo, se ha logrado ser amigos. Cuidado y ahí está el truco de esos viejitos que pasean tomados de la mano aún después de mil años juntos; quizá ya no se gusten, quizá sí, pero segurísimo que son excelentes compañeros y amigos. Y es así, entre ellos se han tropezado y han caído, han echado suficientes cuentos, importantes o no; se han reído de muchas derrotas, cotidianas o gigantescas; han hablado de su amor y hasta de otros amores, mal o bien; o sencillamente, para comentar que se leyó un buen libro o se vió una gran película, que no terminará de ser buena o grande sino hasta que se comente con ese gran amigo. Yo, a mis amigos, los extraño todo el tiempo y muchísimo, mucho más de lo que los llamo para decírselos, porque vivo inmerso en mis zoquetadas, y porque les respeto demasiado la intimidad, y porque cuando veo que me responden me conmuevo demasiado. Vivo conversándoles en mi mente, y hasta a veces en persona (o por Internet, que últimamente se ha vuelto lo mismo). Por eso arranqué queriendo decir, ¿qué tanto amor, qué tanto romance, qué tanta obsesión por el hombre o la mujer perfectos?, si no hay nada más perfecto que un amigo. Ya sé que en ésta época de vacaciones no es buena fecha para acercamientos porque tienen una acentuación muy familiar, y no siempre la familia de los amigos también es amistosa, y ni modo... Pero mañana, al comenzar la cotidianidad, también comienza una nueva oportunidad. Dénle una vueltita a sus amigos, total, son poquísimos, y agradézcanles el milagro de existir...
Gracias...
viernes, diciembre 28, 2007
Sólo Soy Un Tipo
Sólo soy un tipo, no me pidan mucho, pues no puedo dar más de lo que doy... quizá si pueda, pero sólo soy un tipo... y me gusta serlo. Me gusta ser la clase de tipo que soy, me gusta errar porque soy un tipo, y los tipos nos equivocamos... De vez en cuando salgo de mi pseudo intelectualidad para ser un pana superficial, y no me importa porque soy un tipo...
Me gusta discutir, me gusta pelear no sólo contigo, sino conmigo, porque sólo soy un tipo y las mejores respuestas las obtengo de mí, no de tí... Y sigo siendo un tipo...quizá no tu tipo...ni de el tipo de nadie, pero eso es muy válido, ustedes como tipos sabrán qué clases de tipos prefieren...
Sólo soy un tipo...siento, canto, lloro, dificilmente me enamoro porque no soy de esa clase de tipo, pero soy un tipo y es fino serlo. Sólo soy un tipo, ¿que miente?...quizá, pero muchísimas veces digo la verdad, es que me comporto a veces como un tipito, y así somos caray!...
Soy un tipo feliz, soy un tipo triste, soy un tipo con hambre, soy un tipo con sueños. Soy un tipo diferente pero igual a otros tipos...soy un tipo de vez en cuando vegetariano y otras veces carnívoro, soy un tipo que defiende lo que cree si no tiene flojera...
Soy un tipo con drogas, sin drogas también sería un tipo...Nada te quita lo tipo, seas como seas eres un tipo...Pero estoy hablando de mi tipo, del tipo que soy...no del tipo que seré y que aún no es... y no sé porque sólo soy un tipo más de este planeta lleno de tipos, que nos enfrentamos a diario en una gran guerra de tipos...nos hacemos los indefensos, las víctimas, cuando sólo somos unos tipos tratando de sobrevivir a otros tipos...
Sigo siendo un tipo, un tipo incoherente, un tipo que no le importa si leen o no esto, un tipo que no le molestaría si lo critican porque siempre lo han hecho... Soy un tipo que cree en pocos...y es fino creer en pocos, porque soy un tipo que cree que creer en algo es bueno, y como tipo tengo mis creencias...
Soy un tipo suicida, lo he pensado, no lo he hecho, y es que soy un tipo que le da miedo morir...Ahora soy un tipo con sueño, y cuando hay sueño este tipo dice adiós...quizá no terminé la idea...pero soy así...un tipo inconstante...un tipo no terminador de ideas...pero tipo al fin...
Y tal vez no les guste, pero soy un tipo... y gracias a eso no soy perfecto....Sólo soy un tipo...Éste tipo...
Me gusta discutir, me gusta pelear no sólo contigo, sino conmigo, porque sólo soy un tipo y las mejores respuestas las obtengo de mí, no de tí... Y sigo siendo un tipo...quizá no tu tipo...ni de el tipo de nadie, pero eso es muy válido, ustedes como tipos sabrán qué clases de tipos prefieren...
Sólo soy un tipo...siento, canto, lloro, dificilmente me enamoro porque no soy de esa clase de tipo, pero soy un tipo y es fino serlo. Sólo soy un tipo, ¿que miente?...quizá, pero muchísimas veces digo la verdad, es que me comporto a veces como un tipito, y así somos caray!...
Soy un tipo feliz, soy un tipo triste, soy un tipo con hambre, soy un tipo con sueños. Soy un tipo diferente pero igual a otros tipos...soy un tipo de vez en cuando vegetariano y otras veces carnívoro, soy un tipo que defiende lo que cree si no tiene flojera...
Soy un tipo con drogas, sin drogas también sería un tipo...Nada te quita lo tipo, seas como seas eres un tipo...Pero estoy hablando de mi tipo, del tipo que soy...no del tipo que seré y que aún no es... y no sé porque sólo soy un tipo más de este planeta lleno de tipos, que nos enfrentamos a diario en una gran guerra de tipos...nos hacemos los indefensos, las víctimas, cuando sólo somos unos tipos tratando de sobrevivir a otros tipos...
Sigo siendo un tipo, un tipo incoherente, un tipo que no le importa si leen o no esto, un tipo que no le molestaría si lo critican porque siempre lo han hecho... Soy un tipo que cree en pocos...y es fino creer en pocos, porque soy un tipo que cree que creer en algo es bueno, y como tipo tengo mis creencias...
Soy un tipo suicida, lo he pensado, no lo he hecho, y es que soy un tipo que le da miedo morir...Ahora soy un tipo con sueño, y cuando hay sueño este tipo dice adiós...quizá no terminé la idea...pero soy así...un tipo inconstante...un tipo no terminador de ideas...pero tipo al fin...
Y tal vez no les guste, pero soy un tipo... y gracias a eso no soy perfecto....Sólo soy un tipo...Éste tipo...
miércoles, diciembre 05, 2007
LA NOCHE DE LOS FEOS
Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Tú tienes un pómulo hundido. Desde los ocho años. Cuando te hicieron la operación. Mi asquerosa marca en la barbilla viene de un accidente feroz, caída ocurrida a comienzos de mi adolescencia.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los tuyos comos los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con la que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos con simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos –de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo tú y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.
Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de tu pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi barbilla encogida. No te sonrojaste. Me gustó esa dureza, que devolvieras mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja cicatriz.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. No podías mirarme, pero yo, aún en la penumbra, podía distinguir tu nuca de cabellos castaños, tu oreja fresca bien formada. Era la oreja de tu lado normal.
Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.
Te esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ti, y luego te hablé. Al detenerte y mirarme, tuve la impresión que habías vacilado. Te invité a que habláramos un rato en algún café o confitería. De pronto aceptaste.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez no era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculo mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno o una de esos bien parecidos con quien merece compartirse el mundo.
Nos sentamos, pedimos dos helados, y tuviste coraje (eso también me gustó) de arreglarte el cabello. Tu lindo pelo.
- “¿Qué está pasando?”, pregunté.
Dejaste de arreglarlo y sonreíste. El pozo de tu mejilla cambió de forma.
- “Un lugar común”, dijiste. “Tal para cual”.
Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la larga permanencia. De pronto noté que tanto tú como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.
- “Tú te sientes fuera de lugar siempre, ¿verdad?”
- “Sí”, dijiste, todavía mirándome.
- “Tú admiras a los hermosos, a los normales. Quisieras tener un rostro tan equilibrado como aquel chico de la derecha, a pesar que eres inteligente, y él, a juzgar por su risita, irremisiblemente estúpido”.
- “Sí”
Por primera vez no pudiste sostener mi mirada.
- “Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabes?, de que tú y yo lleguemos a algo”.
- “¿Algo cómo qué?”.
- “Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámale como quieras, pero hay una posibilidad”.
Frunciste el ceño. No querías concebir esperanzas.
- “Prométeme no tomarme como chiflado”.
- “Prometido”.
- “La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiendes?”.
- “No”.
- “¡Tienes que entenderme! Lo oscuro total. Donde no me veas, donde no te vea. Tu cuerpo es lindo. ¿no lo sabías?”.
Te sonrojaste, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata. “Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca”.
Levantaste la cabeza y ahora sí me miraste preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
- “Vamos”. Dijiste.
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado respirabas. Y no era una respiración afanosa. No quisiste que ayudara a desvestirte.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta que estabas inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta encontrar tu cuello. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi tu pecho, tu sexo. Tus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarte) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta tu rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad, mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos), pasaron muchas veces sobre tus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, tu mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.
Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los tuyos comos los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con la que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos con simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos –de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo tú y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.
Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de tu pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi barbilla encogida. No te sonrojaste. Me gustó esa dureza, que devolvieras mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja cicatriz.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. No podías mirarme, pero yo, aún en la penumbra, podía distinguir tu nuca de cabellos castaños, tu oreja fresca bien formada. Era la oreja de tu lado normal.
Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.
Te esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ti, y luego te hablé. Al detenerte y mirarme, tuve la impresión que habías vacilado. Te invité a que habláramos un rato en algún café o confitería. De pronto aceptaste.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez no era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculo mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno o una de esos bien parecidos con quien merece compartirse el mundo.
Nos sentamos, pedimos dos helados, y tuviste coraje (eso también me gustó) de arreglarte el cabello. Tu lindo pelo.
- “¿Qué está pasando?”, pregunté.
Dejaste de arreglarlo y sonreíste. El pozo de tu mejilla cambió de forma.
- “Un lugar común”, dijiste. “Tal para cual”.
Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la larga permanencia. De pronto noté que tanto tú como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.
- “Tú te sientes fuera de lugar siempre, ¿verdad?”
- “Sí”, dijiste, todavía mirándome.
- “Tú admiras a los hermosos, a los normales. Quisieras tener un rostro tan equilibrado como aquel chico de la derecha, a pesar que eres inteligente, y él, a juzgar por su risita, irremisiblemente estúpido”.
- “Sí”
Por primera vez no pudiste sostener mi mirada.
- “Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabes?, de que tú y yo lleguemos a algo”.
- “¿Algo cómo qué?”.
- “Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámale como quieras, pero hay una posibilidad”.
Frunciste el ceño. No querías concebir esperanzas.
- “Prométeme no tomarme como chiflado”.
- “Prometido”.
- “La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiendes?”.
- “No”.
- “¡Tienes que entenderme! Lo oscuro total. Donde no me veas, donde no te vea. Tu cuerpo es lindo. ¿no lo sabías?”.
Te sonrojaste, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata. “Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca”.
Levantaste la cabeza y ahora sí me miraste preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
- “Vamos”. Dijiste.
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado respirabas. Y no era una respiración afanosa. No quisiste que ayudara a desvestirte.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta que estabas inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta encontrar tu cuello. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi tu pecho, tu sexo. Tus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarte) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta tu rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad, mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos), pasaron muchas veces sobre tus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, tu mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.
Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.
ESTA BOCA ES MÍA
Si son los ojos ventana del alma, la boca es puerta al placer. El pez muere por la boca, boca hay una sola, en boca cerrada no entran moscas y, no en vano, se dice que uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que explica. El del deseo es un sendero plagado de gestos insatisfechos y palabras truncadas. La boca desdice y dice placeres todo el tiempo, aunque se mantenga sellada con bozales y mordazas. Casi a diario me cuestiono, en silencio, asuntos que no replico en voz alta por no perder el rictus indómito que adopto cuando dudo sin separar los labios de mi boca. Casi a diario me interrogo a mí mismo desde el más absoluto silencio, porque intuyo la falta de respuestas a mis diletantes interrogantes, y para no pronunciar palabras que puedan encadenarme a mis ideas, casi siempre divagantes, repentinas, fugaces.
Me valgo del silencio que nos hermana justo ahora, para preguntarte: ¿Cuántas veces has caído en los tentáculos del placer sin ser necesariamente feliz? ¿Has cedido tu poder por pretender la quimera de algún anhelo intangible? ¿Cuántas veces has deseado tener otra boca o ser dueño de la boca que deseas para ser otra persona?... Si los ojos son armas del alma, la boca es, definitivamente, la cueva que nos conduce al fondo de un oscuro tragadero de misterios. Mi boca es mía. Es diva en mi rostro. Es salvoconducto al cielo y pasaporte al infierno. Mi boca es mía y si bien no siempre puedo usarla para decir lo que pienso o para pedir lo que quiero, ella es cómplice de mis silencios y la aliada más resteada con la que cuentan mis enigmas y mis secretos.
Cuando apuestas a que tus labios se atrevan a decir a quien amas unas acertadas palabras, te apuntas un diez en romanticismo y sensualidad. Con la boca te puedes jugar todas las cartas que llevas bajo la manga, con la intención de reivindicar las ideas y opiniones para potenciar el camino hacia el éxito y la sofisticación. Con labios entrenados puedes inundar a alguien de besos que se atreverán a dejar huellas sin vergüenza alguna. El respeto sólo puedes ganártelo cuando aprendes a abrir la boca y decir con maestría lo que piensas y cuando te atreves a pensar con obcecada independencia. Una boca educada sólo disfruta el silencio cuando aguarda el instante perfecto para dar el contraataque, y jamás calla por lacaya subordinación.
Apasionados y perfectos, carnosos e ineludibles, unos labios sanos y abultados sólo pueden ser expresión de una mente luminosa, ambiciosa, y a todas luces, elegante.
Nadie merece vivir con miedo, pero este ser –lúcido, lucido e impecable- que trata de reinar su realidad día a día, sólo puede permitirse el silencio como una elección deliberada. Mi boca es mía, y mientras mi imaginación y mi mente estén llenas de candor, ilusiones y sueños, mi boca será el gesto que elijo para reivindicar mi autonomía. Esta boca es mía y míos serán hasta que la muerte nos separe, los besos que nazcan de ellas y los pensamientos que le den sentido a mi razón de ser.
Me valgo del silencio que nos hermana justo ahora, para preguntarte: ¿Cuántas veces has caído en los tentáculos del placer sin ser necesariamente feliz? ¿Has cedido tu poder por pretender la quimera de algún anhelo intangible? ¿Cuántas veces has deseado tener otra boca o ser dueño de la boca que deseas para ser otra persona?... Si los ojos son armas del alma, la boca es, definitivamente, la cueva que nos conduce al fondo de un oscuro tragadero de misterios. Mi boca es mía. Es diva en mi rostro. Es salvoconducto al cielo y pasaporte al infierno. Mi boca es mía y si bien no siempre puedo usarla para decir lo que pienso o para pedir lo que quiero, ella es cómplice de mis silencios y la aliada más resteada con la que cuentan mis enigmas y mis secretos.
Cuando apuestas a que tus labios se atrevan a decir a quien amas unas acertadas palabras, te apuntas un diez en romanticismo y sensualidad. Con la boca te puedes jugar todas las cartas que llevas bajo la manga, con la intención de reivindicar las ideas y opiniones para potenciar el camino hacia el éxito y la sofisticación. Con labios entrenados puedes inundar a alguien de besos que se atreverán a dejar huellas sin vergüenza alguna. El respeto sólo puedes ganártelo cuando aprendes a abrir la boca y decir con maestría lo que piensas y cuando te atreves a pensar con obcecada independencia. Una boca educada sólo disfruta el silencio cuando aguarda el instante perfecto para dar el contraataque, y jamás calla por lacaya subordinación.
Apasionados y perfectos, carnosos e ineludibles, unos labios sanos y abultados sólo pueden ser expresión de una mente luminosa, ambiciosa, y a todas luces, elegante.
Nadie merece vivir con miedo, pero este ser –lúcido, lucido e impecable- que trata de reinar su realidad día a día, sólo puede permitirse el silencio como una elección deliberada. Mi boca es mía, y mientras mi imaginación y mi mente estén llenas de candor, ilusiones y sueños, mi boca será el gesto que elijo para reivindicar mi autonomía. Esta boca es mía y míos serán hasta que la muerte nos separe, los besos que nazcan de ellas y los pensamientos que le den sentido a mi razón de ser.
sábado, agosto 18, 2007
El Microcosmos De Los Bolsillos
En www.faceyourpockets.com aguarda por más colaboraciones -ya lleva cerca de 130- el proyecto artístico de Face Your Pockets. En inglés o en ruso, los organizadores te explican que se trata de que vacíes sobre la plataforma sensible de un escáner lo que lleves en tus bolsillos, lo organices allí como quieras, pongas tu cara y te hagas escanear rodeado de esas cosas. Luego, pasas la imagen a un computador y la envías por correo electrónico a su galería colectiva, por faceyourpockets@gmail.com. Dice el website: "Hay cosas viviendo en los bolsillos de tu bolso, tu jean, tu chaqueta: cheques, un viejo paquete de cigarrillos que luce interesante, terrones de azúcar o todo lo que encuentra un hogar allí. Todos ellos son tesoros que este proyecto está buscando. Nuestra meta no es sólo traer esos objetos a la luz sino también mostrar a quien los posee". Los resultados expuestos son fascinantes, tanto por su belleza visual como por su diversidad humana. En la número 17, una joven rusa mira a la luz a través de un rollo de tape (teipe) blanco, rodeada por un mar de bolígrafos, chicles y un par de agudas tijeras. En la 61, un artista rubio cierra los ojos entre un haz de pinceles y el deliberado desorden de la foto hecha pedazos de una mujer boquiabierta. Y la 52 fué mucho más allá: se muestra a una chica atónita detrás de un snorkel, ahogada en el torrente de sus cabellos castaños.
Al margen de que uno cuente con el talento, la tecnología o la disposición de postularse para la exhibición, gratis, abierta allí en la Red, esa idea (tan ingeniosa a mi parecer) me hace pensar en esa especie de sistema solar de coroticos que orbita siempre a nuestro alrededor. Mete las manos en tus bolsillos, o vacía el bolso y encontrarás de seguro el celular (que dice mucho de tí), las llaves, un recibo arrugado de cajero automático, un caramelo con el papel pegado, la mitad de un ticket de cine, un volante de algún curso estúpido, las monedas que necesitaste esta mañana, la goma espuma del audífono... los rastros de tu vida cotidiana, que vas dejando como Hansel y Gretel entyre los asientos del carro, en el escritorio de la oficina, en el rincón del cuarto donde te desvistes.
Todos hablan de tus más recientes elecciones, de tu idea acerca de lo que necesitas llevar contigo para enfrentarte al exterior, de tu caja de herramientas para conducirte por el mundo. Es curioso cómo pensamos sólo en los objetos más vistosos, con los que queremos concentrar toda la atención de los demás en torno a nosotros mismos: los carros, la ropa, el perfume. Ese montón de cosas con las que constantemente cubrimos o acompañamos nuestra entidad física desnuda, con la que intervenimos esta obra de Dios, de la alimentación, de nuestros hábitos y nuestras compulsiones que son nuestros cuerpos. Pero poco nos fijamos en los pequeños restos tangibles de las decisiones que tomamos, que son mucho más francos acerca del modo en que vivimos que una camisa de marca o un i-Pod.
Los detectives y los arqueólogos son gente entrenada para leer las vidas ocultas tras los objetos que dejaron nuestros antepasados, nosotros podemos hacer ese ejercicio en vivo, esa anatomía del individualismo que constituye la revisión desinhibida, con ojos nuevos, del microcosmos de nuestros bolsillos. Como un juego: Adivine quién soy. Mire ese par de escandalosos zarcillos junto a ese collar de falsas perlas y ese aguzado pin de "perdí peso, no sabes como" e imagine a la mujer que los usa. Observe esos cartuchos de gameboy, esos restos de chucherías y ese circular de la escuela que el padre destinatario jamás recibió y piense en el preadolescente responsable. ¿Qué llevarán en los bolsillos las supermodelos, los magnates, los sicarios o los policías? ¿Qué saldría del bolso de Hillary Clinton o del de Isabel Allende, o de la guayabera de Hugo Chávez o de los del chef Angel Lozano?
Qué tristeza que seamos igualitos a los faraones o los vikingos, que partían a la muerte en tumbas amobladas. Como si fuéramos vitrinas, y no personas. Como si los asuntos verdaderamente importantes dependieran de un perolito made in China que se nos ha vendido al triple de su valor.
Al margen de que uno cuente con el talento, la tecnología o la disposición de postularse para la exhibición, gratis, abierta allí en la Red, esa idea (tan ingeniosa a mi parecer) me hace pensar en esa especie de sistema solar de coroticos que orbita siempre a nuestro alrededor. Mete las manos en tus bolsillos, o vacía el bolso y encontrarás de seguro el celular (que dice mucho de tí), las llaves, un recibo arrugado de cajero automático, un caramelo con el papel pegado, la mitad de un ticket de cine, un volante de algún curso estúpido, las monedas que necesitaste esta mañana, la goma espuma del audífono... los rastros de tu vida cotidiana, que vas dejando como Hansel y Gretel entyre los asientos del carro, en el escritorio de la oficina, en el rincón del cuarto donde te desvistes.
Todos hablan de tus más recientes elecciones, de tu idea acerca de lo que necesitas llevar contigo para enfrentarte al exterior, de tu caja de herramientas para conducirte por el mundo. Es curioso cómo pensamos sólo en los objetos más vistosos, con los que queremos concentrar toda la atención de los demás en torno a nosotros mismos: los carros, la ropa, el perfume. Ese montón de cosas con las que constantemente cubrimos o acompañamos nuestra entidad física desnuda, con la que intervenimos esta obra de Dios, de la alimentación, de nuestros hábitos y nuestras compulsiones que son nuestros cuerpos. Pero poco nos fijamos en los pequeños restos tangibles de las decisiones que tomamos, que son mucho más francos acerca del modo en que vivimos que una camisa de marca o un i-Pod.
Los detectives y los arqueólogos son gente entrenada para leer las vidas ocultas tras los objetos que dejaron nuestros antepasados, nosotros podemos hacer ese ejercicio en vivo, esa anatomía del individualismo que constituye la revisión desinhibida, con ojos nuevos, del microcosmos de nuestros bolsillos. Como un juego: Adivine quién soy. Mire ese par de escandalosos zarcillos junto a ese collar de falsas perlas y ese aguzado pin de "perdí peso, no sabes como" e imagine a la mujer que los usa. Observe esos cartuchos de gameboy, esos restos de chucherías y ese circular de la escuela que el padre destinatario jamás recibió y piense en el preadolescente responsable. ¿Qué llevarán en los bolsillos las supermodelos, los magnates, los sicarios o los policías? ¿Qué saldría del bolso de Hillary Clinton o del de Isabel Allende, o de la guayabera de Hugo Chávez o de los del chef Angel Lozano?
Qué tristeza que seamos igualitos a los faraones o los vikingos, que partían a la muerte en tumbas amobladas. Como si fuéramos vitrinas, y no personas. Como si los asuntos verdaderamente importantes dependieran de un perolito made in China que se nos ha vendido al triple de su valor.
jueves, agosto 09, 2007
Un Hada En La Ciudad
Desde hace varios años transito cada tarde un trozo de la ciudad que me permite volver a casa o continuar hacia cualquier destino que espere por mí para cumplir con los compromisos trazados para finalizar mi día. Cada tarde, de Lunes a Viernes, me despido de la facultad en la que estudio, y me reencuentro con la vía que habitualmente me lleva al destino, justo cuando la rutina me toma con el ánimo de retorno. La vía transitada me resulta tan familiar, y yo soy tan imprudente y optimista por lo general, que mientras el tráfico avanza aletargado, me sumerjo a la brevedad en mi burbuja de referencias y referentes íntimos. Atiendo los asuntos que por voluntad propia he decidido me interesan y me conciernen. Chequeo mensajes del teléfono móvil, trato de apurarme para no ir de pie en el transporte, le escribo a amigos, coloco en mis oídos los audífonos del reproductor mp·, y así me aíslo... Y de vez en cuando, sólo de vez en cuando, me asomo al mundo exterior para chequear cómo van las cosas en las inmediaciones de mi impermeable firmamento personal.
Los vehículos que cercan la libertad del que ocupo parecen multiplicarse como espejismos de una dimensión superpoblada. El ruido infinito y vacío de la calle se reitera tenaz e impertinente, el mural que me saluda desde el camino repite una y otra vez su estúpido (y falso) mensaje político, y entre bocanada y bocanada de irresistible aire tóxico y caluroso, logro divisar los rostros de algunos personajes que suelen estar allí, presentes en el paisaje, que por comodidad contemplo como parte del escenario de algún videojuego de última generación. Nunca le compro obleas a esa señora -¡qué horror!- pienso, y mientras tanto no dejo de echar vistazos a lo que ofrece. Varios telefonistas y hasta un pequeño tarantín acechan desde los lados del camino. Justo debajo del puente. Justo donde el aire parece más espeso. Justo donde el embotellamiento se hace rutina y vida todos los días.
Lo curioso es que de los varios hombres y mujeres que habitan el citado fragmento de vía se confunden en mi recuerdo. Sin embargo, quisquillosa y selectiva, mi memoria divisa con claridad y detalle a la mujer que con timidez ocupa junto a su hija, la isla central de ese camino semaforizado que cada tarde me guía cuando el regreso marca la meta. Lejana, joven y delgada, ésta mujer reúne dinero en un roído y blancuzco recipiente plástico, no se inquieta nunca y sólo se mueve lo necesario. Siempre lleva en brazos a una pequeña que ha crecido entre gestos indiferentes y de repulsión, ruidos de cornetas y personas al volante de una ciudad que vive cada vez más estresada por la dictadura del hacinamiento y la falta de tiempo. He visto crecer a esa pequeña que a veces tiene la mirada perdida en el infinito y que otras tantas sencilamente duerme en el regazo de su madre.
Esta mujer que me encuentro a diario en el camino nunca me ha dirigido la palabra, pero siempre que paso por esa intersección en la que ella aguarda alguna compasiva contribución monetaria, noto su apacible-aunque jamás resignada- presencia. La diviso desde la transparencia de la ventanilla y ella a mí desde la monotonía de su intemperie. A veces pienso que debo parecerle un chico afortunado, y sólo la idea me estremece el pecho y me ablanda la terquedad con la que vivo exiliado en mi autoproclamada y caprichosa pseudo-felicidad. Ella es joven y discreta, y aunque no se ve exultante tampoco luce abatida por los terribles vicios de la autocompasión. La niña que le acompaña casi siempre descansa en su regazo. ¡Qué suerte tiene! pienso cuando les veo a ambas tan apacibles, disfrutando y defendiendo ese nexo de amor tan fuerte...Nexo que jamás lograré sentir, no a plenitud...
Mi ruta y el destino de esa chica se cruzan gracias a la generosidad del camino. Entre ambos existe, de hecho, una silente y misteriosa complicidad. Siempre nos vemos, a veces ni lo notamos, y otras tantas, con desconfianza y recelo incluso, nos reconocemos. Sin el menor deseo de juzgarle, me pregunto si ella siente también la fatiga que de a ratos logra nublarme la esperanza, me pregunto si se sentirá dichosa otras veces,y si como yo, tiene fe en la vida casi siempre. Reconozco que al verle me vence la ternura. Claro, mirar bonito desde la "comodidad" de un auto debe ser fácil, y debe ser natural mirar sin ver para quien pide dinero con su hija en brazos en medio de una transitada avenida repleta de historias que van y vienen. Quién sabe, a lo mejor la burbuja que ella habita sea aún menos permeable que la mía.
Ambos somos víctimas de la contaminación ambiental, los falsos paradigmas, el desencanto y el desacato. Sin embargo, la otra tarde, mientras me sumía en las abstracciones dialécticas que suelen salvar mi vida, noté que aquella mujer aparentemente desamparada, había teñido su cabello de rojo cobrizo, y llevaba las uñas de sus pies matizadas de azul celeste. Imaginarla reina de una realidad paralela me encanta. De hecho, sospechar que cada mujer tiene derecho a un instante de ilusión y vanidad me resulta fascinante y me reconcilia con una antigua e ingenua creencia: Sin excepción, todas las mujeres, merecen ser niñas para siempre...
No cabe duda: la mujer que a veces observo al pasar por esa calle cada tarde de regreso a casa es un hada en la ciudad. Y yo, el hombre que escoge salvarse de la indolencia y la tristeza entendiendo cada historia de una forma caprichosa, también soy una suerte de ser mágico lleno de esperanzas...
(CT)
Los vehículos que cercan la libertad del que ocupo parecen multiplicarse como espejismos de una dimensión superpoblada. El ruido infinito y vacío de la calle se reitera tenaz e impertinente, el mural que me saluda desde el camino repite una y otra vez su estúpido (y falso) mensaje político, y entre bocanada y bocanada de irresistible aire tóxico y caluroso, logro divisar los rostros de algunos personajes que suelen estar allí, presentes en el paisaje, que por comodidad contemplo como parte del escenario de algún videojuego de última generación. Nunca le compro obleas a esa señora -¡qué horror!- pienso, y mientras tanto no dejo de echar vistazos a lo que ofrece. Varios telefonistas y hasta un pequeño tarantín acechan desde los lados del camino. Justo debajo del puente. Justo donde el aire parece más espeso. Justo donde el embotellamiento se hace rutina y vida todos los días.
Lo curioso es que de los varios hombres y mujeres que habitan el citado fragmento de vía se confunden en mi recuerdo. Sin embargo, quisquillosa y selectiva, mi memoria divisa con claridad y detalle a la mujer que con timidez ocupa junto a su hija, la isla central de ese camino semaforizado que cada tarde me guía cuando el regreso marca la meta. Lejana, joven y delgada, ésta mujer reúne dinero en un roído y blancuzco recipiente plástico, no se inquieta nunca y sólo se mueve lo necesario. Siempre lleva en brazos a una pequeña que ha crecido entre gestos indiferentes y de repulsión, ruidos de cornetas y personas al volante de una ciudad que vive cada vez más estresada por la dictadura del hacinamiento y la falta de tiempo. He visto crecer a esa pequeña que a veces tiene la mirada perdida en el infinito y que otras tantas sencilamente duerme en el regazo de su madre.
Esta mujer que me encuentro a diario en el camino nunca me ha dirigido la palabra, pero siempre que paso por esa intersección en la que ella aguarda alguna compasiva contribución monetaria, noto su apacible-aunque jamás resignada- presencia. La diviso desde la transparencia de la ventanilla y ella a mí desde la monotonía de su intemperie. A veces pienso que debo parecerle un chico afortunado, y sólo la idea me estremece el pecho y me ablanda la terquedad con la que vivo exiliado en mi autoproclamada y caprichosa pseudo-felicidad. Ella es joven y discreta, y aunque no se ve exultante tampoco luce abatida por los terribles vicios de la autocompasión. La niña que le acompaña casi siempre descansa en su regazo. ¡Qué suerte tiene! pienso cuando les veo a ambas tan apacibles, disfrutando y defendiendo ese nexo de amor tan fuerte...Nexo que jamás lograré sentir, no a plenitud...
Mi ruta y el destino de esa chica se cruzan gracias a la generosidad del camino. Entre ambos existe, de hecho, una silente y misteriosa complicidad. Siempre nos vemos, a veces ni lo notamos, y otras tantas, con desconfianza y recelo incluso, nos reconocemos. Sin el menor deseo de juzgarle, me pregunto si ella siente también la fatiga que de a ratos logra nublarme la esperanza, me pregunto si se sentirá dichosa otras veces,y si como yo, tiene fe en la vida casi siempre. Reconozco que al verle me vence la ternura. Claro, mirar bonito desde la "comodidad" de un auto debe ser fácil, y debe ser natural mirar sin ver para quien pide dinero con su hija en brazos en medio de una transitada avenida repleta de historias que van y vienen. Quién sabe, a lo mejor la burbuja que ella habita sea aún menos permeable que la mía.
Ambos somos víctimas de la contaminación ambiental, los falsos paradigmas, el desencanto y el desacato. Sin embargo, la otra tarde, mientras me sumía en las abstracciones dialécticas que suelen salvar mi vida, noté que aquella mujer aparentemente desamparada, había teñido su cabello de rojo cobrizo, y llevaba las uñas de sus pies matizadas de azul celeste. Imaginarla reina de una realidad paralela me encanta. De hecho, sospechar que cada mujer tiene derecho a un instante de ilusión y vanidad me resulta fascinante y me reconcilia con una antigua e ingenua creencia: Sin excepción, todas las mujeres, merecen ser niñas para siempre...
No cabe duda: la mujer que a veces observo al pasar por esa calle cada tarde de regreso a casa es un hada en la ciudad. Y yo, el hombre que escoge salvarse de la indolencia y la tristeza entendiendo cada historia de una forma caprichosa, también soy una suerte de ser mágico lleno de esperanzas...
(CT)
viernes, junio 08, 2007
Un Beso Robado
Anoche soñé me arrebataban un inmejorable beso, un beso de amor inquietante y traicionero que me temo no voy a ser capaz de olvidar con facilidad. El resto de los detalles que hicieron posible el sueño trascendental de haber sido vulnerado por un gesto de expreso deseo, tan efímero y determinante, me importa muy poco a decir verdad; lo determinante, lo que abre interrogantes en mi pecho es que, justo mientras dormía, estando entregadamente ausente, en el centro de mis carnosos, abultados e invitantes labios, disfruté la sensación de haber sido besado, contra mi sensatez y a favor de mi enfermizo y desatado deseo de romántico apasionamiento.
Despertar con la maravillosa sensación de haber sido colmado de apego por alguien a quien no recuerdo, me permitió jugar a las escondidas con mis propios pensamientos. El instante de amor robado fué absolutamente imaginario, y sin embargo, mi sensación, la de haber sido raptado por un afecto imposible de descifrar, permanece nítida e imborrable sobre mis labios sonrojados de sorpresa e inundados de culposo placer. Mientras me entregaba a las trampas del espacio onírico y mi ausencia de voluntad me hacía supremamente ensoñador, alguien sin rostro me besó para abrir grietas en mi conciencia.
Pensándolo bien, pleno, entregado, despierto, con mis cinco sentidos observantes y bien puestos sobre el peso de mis hombros, que yo recuerde, nadie me ha robado un beso. De hecho, se me ocurre suponer que la persona de borrosa identidad que anoche me despojó de la inédita sensación de no haber sido nunca sorprendido por un impulso no correspondido, podría quizas no ser tan desconocido. Los hombres que transitamos la vida con genuinas certezas individuales, y sin pedir mil veces permiso para ser y realizarnos a nuestras anchas, sin pruritos ni remordimientos, quizá podríamos recordar haberle robado un beso a alguien, alguna vez... un beso...pero ¿ser presos de un gesto de inesperado arrebato romántico? ¡eso jamás!
Montones de instantes cinematográficos se han quedado clavados en el túnel de mis recuerdos, muchos de ellos, los más cursis y premeditadamente románticos me resultan, de hecho, absolutamente imposibles de olvidar. Paradójicamente, creo que nunca deseé conscientemente ser víctima de un hurto en el terreno de lo carnal, de lo sensual, de lo físico. Siempre he preferido medir los riesgos del cuerpo con cierta premeditación y alevosía para no correr con las consecuencias de un malentendido en el plano emocional. Quizá por eso nunca alguien me ha robado un beso. Sin embargo, como cualquier hombre independiente y dependiente, frágil y temerario, emprendedor y endeble, coherente y contradictorio, constante e inconsecuente, fuí inmensamente feliz al ser tomado por sorpresa por el placer más tramposo de todos: el de la mente...
El riesgo tiene sus recompensas aunque a veces el precio de delinquir sea demasiado alto para justificar una vida al borde de la cuerda floja. No sé si anhelaba realmente ese beso que anoche me robaron, porque hoy tengo la sensación de haber vivido a medias y haber cometido un irremediable error mientras dormía. Sin la clara determinación de mi lado consciente, mi inconsciente me puso contra la pared para que yo pudiera escucharme desde la felicidad inédita y desde el miedo a lo desconocido, y junto al placer de un beso robado, me asaltan ahora tantas dudas que no escucho con la claridad de siempre mis añejas certezas.
Presiento que anoche me fué arrebatado un beso lleno de misterio y la clara determinación de ser el hombre que siempre decide cuáles puertas abrir y qué caminos tomar. La dulzura tiene miles de rostros y el vértigo también, por eso espero reconocerme a mí mismo entre sueños inocentes y en el semblante de quien ayer me robara un gesto de amor tan intenso y eterno. Creo que yo mismo quería besarme para decirme en secreto cosas que no me atrevo a reconocer frente al espejo. El hombre que desea desesperadamente ser feliz, se siente frágil y me está poniendo pruebas para medirse frente al engaño y la trampa. No puedo caer en el ardid de creer que el mundo es un lugar seguro, pero puedo contarles que anoche alguien me robó un beso, y fuí infinitamente feliz mientras el gesto duró...
(C.T.)
lunes, abril 30, 2007
...Hay Días...
Hay días...
hay días que parecen no llegar.
Hay días...
hay días que hacen de lo imposible
por llegar a quitarme la vida.
Hay días...
y hay días que amanezco en cruz.
Hay días...
hay días que hago de todo
por volverte a ver.
Me deshago del destino...
me descanso de los nudos...
me desnudo...
me distancio...me despido...
me despierto...me descalzo...
me desato...me diluyo...
me doy cuenta y desespero...
yo hago de todo
por volverte a ver.
Hay dias...
hay días que amanecen con llover.
Cerca, muy cerca;
tantos ví...
Se hacen de lo imposible,
ganándome entero...hasta la vida.
Hay días...
hay días que nacen sin tu luz.
Días en los que hago de todo
por volverte a ver...
Yo hago de todo
por volverte a ver...
(MB)
hay días que parecen no llegar.
Hay días...
hay días que hacen de lo imposible
por llegar a quitarme la vida.
Hay días...
y hay días que amanezco en cruz.
Hay días...
hay días que hago de todo
por volverte a ver.
Me deshago del destino...
me descanso de los nudos...
me desnudo...
me distancio...me despido...
me despierto...me descalzo...
me desato...me diluyo...
me doy cuenta y desespero...
yo hago de todo
por volverte a ver.
Hay dias...
hay días que amanecen con llover.
Cerca, muy cerca;
tantos ví...
Se hacen de lo imposible,
ganándome entero...hasta la vida.
Hay días...
hay días que nacen sin tu luz.
Días en los que hago de todo
por volverte a ver...
Yo hago de todo
por volverte a ver...
(MB)
lunes, abril 16, 2007
Besos
Besos tiernos, besos secos,
besos tibios y besos calientes,
besos clandestinos ocultos entre la gente...
Besos que vivían entre tu boca y la mía,
besos de pasión, besos que se reencuentran,
besos que compartimos un día,
besos que se murieron cuando te marchaste...
Besos confundidos, nunca me explicaste...
Besos de cariño, besos con dientes sucios,
esos de buenos días cuando dormíamos juntos...
Besos nunca usados...nunca te los dí...
pensé que habría tiempo...
Besos de arrepentimiento,
besos hipócritas...siempre me los diste...
y por ser de tu boca nunca me di cuenta...
Besos, besos, besos...
siempre hubo de esos...
Besos de paz, cuando ya no quería pelear,
besos que se olvidan, pues ya no recuerdo
cómo y cuando fué el último...
Besos oscuros y besos negros,
besos que aún recuerdo en estas fechas...
besos que me hacen falta...
Besos invasores, esos que llegan a mis labios de otra boca...
esos no los quiero, esos no son tus besos...
Besos que recuerdo y que es hora de olvidar,
besos que me dieron dulces esperanzas...
Besos que ahora viven en tu pasado,
besos que extraño desde quién sabe cuando,
besos que jamás volvieron...y que sigo esperando...
Besos de contrabando, ese primer beso
que me robaste aquella noche, acostados...
Besos con alcohol, lengua y café,
besos con miedo, besos con rencor,
esos que dí mientras tu no estabas...
Besos sin futuro...esos fueron nuestros besos...
Besos que revivo una y otra vez,
besos que no dejan de bailar en mi recuerdo,
besos que se caen y nadie atrapa...
Besos que se escaparon y aún sigo buscando,
besos que ya no sientes...que jamás sentiste...
Besos imaginarios, los que aún te doy...
ya que en mi mente tu y yo aún nos besamos...
Besos patéticos,
pues entre tu boca y la mía
sólo hay besos muertos...
(C.A.)
besos tibios y besos calientes,
besos clandestinos ocultos entre la gente...
Besos que vivían entre tu boca y la mía,
besos de pasión, besos que se reencuentran,
besos que compartimos un día,
besos que se murieron cuando te marchaste...
Besos confundidos, nunca me explicaste...
Besos de cariño, besos con dientes sucios,
esos de buenos días cuando dormíamos juntos...
Besos nunca usados...nunca te los dí...
pensé que habría tiempo...
Besos de arrepentimiento,
besos hipócritas...siempre me los diste...
y por ser de tu boca nunca me di cuenta...
Besos, besos, besos...
siempre hubo de esos...
Besos de paz, cuando ya no quería pelear,
besos que se olvidan, pues ya no recuerdo
cómo y cuando fué el último...
Besos oscuros y besos negros,
besos que aún recuerdo en estas fechas...
besos que me hacen falta...
Besos invasores, esos que llegan a mis labios de otra boca...
esos no los quiero, esos no son tus besos...
Besos que recuerdo y que es hora de olvidar,
besos que me dieron dulces esperanzas...
Besos que ahora viven en tu pasado,
besos que extraño desde quién sabe cuando,
besos que jamás volvieron...y que sigo esperando...
Besos de contrabando, ese primer beso
que me robaste aquella noche, acostados...
Besos con alcohol, lengua y café,
besos con miedo, besos con rencor,
esos que dí mientras tu no estabas...
Besos sin futuro...esos fueron nuestros besos...
Besos que revivo una y otra vez,
besos que no dejan de bailar en mi recuerdo,
besos que se caen y nadie atrapa...
Besos que se escaparon y aún sigo buscando,
besos que ya no sientes...que jamás sentiste...
Besos imaginarios, los que aún te doy...
ya que en mi mente tu y yo aún nos besamos...
Besos patéticos,
pues entre tu boca y la mía
sólo hay besos muertos...
(C.A.)
domingo, marzo 25, 2007
Radiofónico
Mi frágil sentido de supervivencia se vió afectado por tu indiferencia,
y en medio del caos y del smog cada día más fué un paso hacia la perfección...
Hoy he sintonizado la radio y he escuchado tu voz en FM...
Mi corazón respira con tu frecuencia...
Hoy caminé por los bazares y cada estación repetía tu nombre;
y es que no en vano dicen los hombres que quién se enamora lo pierde todo...
Yo pierdo el control por tí...
Yo respiro el smog por tí...
Yo estoy en caos por tí...
Las ondas emitidas por tu alma despiertan emociones bajo mi almohada,
la ciudad entera escucha esta agridulce historia en frecuencia modulada...
¡Los aviones no aterrizan!
¡Los semáforos enloquecen!
¡Mi corazón siento que hierve!
Estaré enamorado, y no confundido, cuando despierte...
Hoy anduve por grandes calles y cada altavoz repite tu nombre;
no en vano dicen los hombres que quién se enamora lo tiene todo...
Yo tengo felicidad por tí...
Reciclo el smog y lo reciclo por tí...
Estallo en caos y estallo por tí...
Hay malas noticias y no son para mí...
En la radio suenas y dedicas una canción para mí;
este flechazo radiofónico se escucha en FM,
y está dedicado por tí para mí...
y en medio del caos y del smog cada día más fué un paso hacia la perfección...
Hoy he sintonizado la radio y he escuchado tu voz en FM...
Mi corazón respira con tu frecuencia...
Hoy caminé por los bazares y cada estación repetía tu nombre;
y es que no en vano dicen los hombres que quién se enamora lo pierde todo...
Yo pierdo el control por tí...
Yo respiro el smog por tí...
Yo estoy en caos por tí...
Las ondas emitidas por tu alma despiertan emociones bajo mi almohada,
la ciudad entera escucha esta agridulce historia en frecuencia modulada...
¡Los aviones no aterrizan!
¡Los semáforos enloquecen!
¡Mi corazón siento que hierve!
Estaré enamorado, y no confundido, cuando despierte...
Hoy anduve por grandes calles y cada altavoz repite tu nombre;
no en vano dicen los hombres que quién se enamora lo tiene todo...
Yo tengo felicidad por tí...
Reciclo el smog y lo reciclo por tí...
Estallo en caos y estallo por tí...
Hay malas noticias y no son para mí...
En la radio suenas y dedicas una canción para mí;
este flechazo radiofónico se escucha en FM,
y está dedicado por tí para mí...
domingo, febrero 25, 2007
Carnaval
Decir que llegamos en quince minutos cuando apenas estamos saliendo de casa. Hacer dos colas en el super para luego quedarnos con la que se mueva más rápido. Ocupar algún puesto mientras hay gente de pie con bolsas. Rebosar el plato en los restaurantes "All You Can Eat" para luego dejar intacta la mitad de la comida. Tomar más tragos de los que podemos tolerar sólo por ser barra libre. Sembrar dudas en alguien enamorado sólo porque podemos. Decirle a alguien que nos importa porque sólo así nos abrirá las piernas. Retener a quien no nos quiere para sí evitar esté con alguien más. Salir con gente más joven para demostrar que aún valemos. Salir con gente mayor para que crean que somos maduro. Decir "si" por no saber negociar. Decir "no" por tener miedo. Decir que no pasa nada cuando nos sucede de todo. Convivir con gente que no nos gusta para luego poder culpar a alguien de nuestros fracasos. Convivir con quien nos gusta para poder decir que separamos los negocios de las pasiones. Pensar todo el día en algo para rechazarlo cuando, al final del día, nos llega. Caminar irremediablemente hacia los conflictos, para poder luego contárselos a alguien. El carnaval es una parodia de lo que somos todos los días del año. El mejor disfraz que podemos usar es ser nosotros mismos. La mejor cara que podemos dar es quitarnos las máscaras. (URBE)
lunes, febrero 12, 2007
He Olvidado Tus Ojos (Deja-Vù De Nuestro Primer Encuentro)
Tengo la memoria poblada de miradas. A veces olvido unas manos, una voz, un rostro...pero nunca una mirada. Guardo envueltas en recuerdos miradas azules, miradas grises, miradas negras, unas vivas, otras vacías...Miradas con olor a sal, a pinares, a papel envejecido...
Tu mirada, sin embargo, se me escapó al principio. Estaba distraído mirando a un punto equivocado. Mirando quizá otras manos para poder recordarlas. O estudiando y capturando el movimiento de otros labios. Y tu mirada, mientras tanto, dibujándome la espalda...
Tu mirada era sólo unos ojos para mí cuando escuché tu voz. Y tu voz no era más que un sonido cuando nos vimos a los ojos. Intercambiamos un par de nerviosas palabras, huecas y mudas, formales y ceñidas. Lo de siempre. Las de costumbre...
Y entonces él se fué. Se fué los minutos exactos. No tardó en volver ni uno más ni uno menos. Le miré levantarse y te miré a tí. Te interrogué sin intención con la mirada esquiva. Sin saber siquiera qué te preguntaba...
Y en ese instante, tu sonrisa convirtió mi piel en brasas. Tus ojos se hicieron mirada; tu voz se hizo canción y tu boca, sonrisa. Y me ahogué en todos a la vez y en todos reviví. Y durante los minutos exactos, ni uno más ni uno menos, en que estuvimos solos, tu mirada me hizo el amor y yo me entregué, con mi piel abrasada...
Viví una vida entera, una muerte lenta, y al menos seis reencarnaciones durante los minutos exactos en los que me miraste...Quizá hasta soñé, pero juraría haberle visto el rostro a la felicidad. Durante unos pocos minutos exactos...
El volvió. Venía desde algún punto equivocado e irrumpió entre nuestros ombligos. Me dejé un trozo de piel asida a ti al separarnos. Me guardé rapidamente en el bolsillo izquierdo tu recuerdo, y salí agarrado del brazo equivocado...
Con los labios aún pude decirte: "Volveré"... Y tu mirada, con sabor a miel me contestó: "Eso espero...Sino, nada tendría sentido"...
He olvidado tus ojos. Se me han borrado de los recuerdos. Pero no puedo olvidar tu mirada...
Tu mirada, sin embargo, se me escapó al principio. Estaba distraído mirando a un punto equivocado. Mirando quizá otras manos para poder recordarlas. O estudiando y capturando el movimiento de otros labios. Y tu mirada, mientras tanto, dibujándome la espalda...
Tu mirada era sólo unos ojos para mí cuando escuché tu voz. Y tu voz no era más que un sonido cuando nos vimos a los ojos. Intercambiamos un par de nerviosas palabras, huecas y mudas, formales y ceñidas. Lo de siempre. Las de costumbre...
Y entonces él se fué. Se fué los minutos exactos. No tardó en volver ni uno más ni uno menos. Le miré levantarse y te miré a tí. Te interrogué sin intención con la mirada esquiva. Sin saber siquiera qué te preguntaba...
Y en ese instante, tu sonrisa convirtió mi piel en brasas. Tus ojos se hicieron mirada; tu voz se hizo canción y tu boca, sonrisa. Y me ahogué en todos a la vez y en todos reviví. Y durante los minutos exactos, ni uno más ni uno menos, en que estuvimos solos, tu mirada me hizo el amor y yo me entregué, con mi piel abrasada...
Viví una vida entera, una muerte lenta, y al menos seis reencarnaciones durante los minutos exactos en los que me miraste...Quizá hasta soñé, pero juraría haberle visto el rostro a la felicidad. Durante unos pocos minutos exactos...
El volvió. Venía desde algún punto equivocado e irrumpió entre nuestros ombligos. Me dejé un trozo de piel asida a ti al separarnos. Me guardé rapidamente en el bolsillo izquierdo tu recuerdo, y salí agarrado del brazo equivocado...
Con los labios aún pude decirte: "Volveré"... Y tu mirada, con sabor a miel me contestó: "Eso espero...Sino, nada tendría sentido"...
He olvidado tus ojos. Se me han borrado de los recuerdos. Pero no puedo olvidar tu mirada...
sábado, enero 20, 2007
Amor En On/Amor En Off
Te dí las gracias al final
de éste romance difícil y criticado,
te dí un millón de cosas
en las que debiste haber pensado,
reído y meditado...
...te dí soporte...
Te dí un último abrazo
estando herido y enojado,
siendo subestimado
y duramente criticado.
Te dí el sonido del reloj,
el rugido del león...
...te dí aflicción...
Un corazón que jamás latió
pretendió sentir amor,
cuando yo sentía dolor
ynecesitaba protección...
he llegado a la conclusión
que no se puede sufrir y aprender más
que en ésta condición...
...El corazón estallará
y mis dudas se disiparán...
...no serás parte de ésta canción
si hoy mi Amor está en Off...
El león podrá rugir,
mi corazón podrá latir...
...otros poemas escribiré por tí
si entras en mi habitación
y haces que mi Amor esté en On...
Amor en On...
Amor en Off...
Tiempo y Desilusión...
Fantasía y Perdición...
Dolor y Aflicción...
Protección y Meditación...
Amor en On...
Amor en Off...
de éste romance difícil y criticado,
te dí un millón de cosas
en las que debiste haber pensado,
reído y meditado...
...te dí soporte...
Te dí un último abrazo
estando herido y enojado,
siendo subestimado
y duramente criticado.
Te dí el sonido del reloj,
el rugido del león...
...te dí aflicción...
Un corazón que jamás latió
pretendió sentir amor,
cuando yo sentía dolor
ynecesitaba protección...
he llegado a la conclusión
que no se puede sufrir y aprender más
que en ésta condición...
...El corazón estallará
y mis dudas se disiparán...
...no serás parte de ésta canción
si hoy mi Amor está en Off...
El león podrá rugir,
mi corazón podrá latir...
...otros poemas escribiré por tí
si entras en mi habitación
y haces que mi Amor esté en On...
Amor en On...
Amor en Off...
Tiempo y Desilusión...
Fantasía y Perdición...
Dolor y Aflicción...
Protección y Meditación...
Amor en On...
Amor en Off...
sábado, enero 13, 2007
My Li'l Charlie - Mi Pequeño Charlie
Avanza tres pasos hacia mí,
abre tu imaginación...
¿Qué te entristece? Pequeño Charlie
¿Cuál es el motivo de tu preocupación?
Salta los obstáculos,
grita a quien grite, pega a quien pegue,
pequeño niño de Rumania...
No lo pienses más,
deja de dudar,
antes de envejecer harás lo que quieras
y acelerarás tu revolución...
Tengo para tí una sorpresa,
tengo la solución a tus problemas...
¿Porqué no me entregas tu corazón?
¿Porqué me entristeces? Pequeño Charlie
¿Hay motivo para sentir rencor?.
Sostén al Mundo en tus momentos,
sonríe a quién sonría, ama a quién ame,
crecerás con tus propias ideas,
pequeño bebé de Rumania...
Deja de dudar, deja de pensar,
porque al anochecer te haré superhéroe...
acelera tu revolución
y deja que sigas siendo,
tú, mi mayor ilusión...
Toma tu redoblante de plata
y grita que eres distinto,
dile al Mundo que no eres otro niño,
ríete a carcajadas (hasta dolerte la espalda)...
Acelera tu revolución.
Toma tu flauta de caña
y grita que tu tristeza quedó empañada...
Toma tu sombrero de copa
y grita al Mundo que eres distinto...
Pequeño nené de Rumania...
Escupe al cielo, y escapa...
al creído, dale la espalda...
del orgulloso, búrlate en su cara...
Te entrego mi corazón...
eres tú mi gran ilusión...
aceleras mi revolución...
abre tu imaginación...
¿Qué te entristece? Pequeño Charlie
¿Cuál es el motivo de tu preocupación?
Salta los obstáculos,
grita a quien grite, pega a quien pegue,
pequeño niño de Rumania...
No lo pienses más,
deja de dudar,
antes de envejecer harás lo que quieras
y acelerarás tu revolución...
Tengo para tí una sorpresa,
tengo la solución a tus problemas...
¿Porqué no me entregas tu corazón?
¿Porqué me entristeces? Pequeño Charlie
¿Hay motivo para sentir rencor?.
Sostén al Mundo en tus momentos,
sonríe a quién sonría, ama a quién ame,
crecerás con tus propias ideas,
pequeño bebé de Rumania...
Deja de dudar, deja de pensar,
porque al anochecer te haré superhéroe...
acelera tu revolución
y deja que sigas siendo,
tú, mi mayor ilusión...
Toma tu redoblante de plata
y grita que eres distinto,
dile al Mundo que no eres otro niño,
ríete a carcajadas (hasta dolerte la espalda)...
Acelera tu revolución.
Toma tu flauta de caña
y grita que tu tristeza quedó empañada...
Toma tu sombrero de copa
y grita al Mundo que eres distinto...
Pequeño nené de Rumania...
Escupe al cielo, y escapa...
al creído, dale la espalda...
del orgulloso, búrlate en su cara...
Te entrego mi corazón...
eres tú mi gran ilusión...
aceleras mi revolución...
lunes, enero 08, 2007
Viejo
¿Qué pasaría si llegara a viejo sin haberte dado un beso?
Mis labios, cansados y arrugados,
ya no tendrían tiempo para eso...
Quizá hoy ya se tarde...
Y mañana muy oportuno...
¿Podrías quererme igualmente
como en años anteriores?
No tomarías en cuenta mi aspecto demacrado,
sino mi espíritu gritando por un poco de descanso...
Llegar a viejo no es fácil,
mis pies no van a donde quiero;
mi corazón aún sigue inquieto por mi destino incierto
y mis ojos se deprimen
al ver los fantasmas del ayer...
Hoy te veo y recuerdo aquellos tiempos
en los que con alas rotas volaría hacia tí...
Hoy me recuerdo del ayer,
y miro al cielo, melancólico...
...y con lágrimas de viejo...
Mis labios, cansados y arrugados,
ya no tendrían tiempo para eso...
Quizá hoy ya se tarde...
Y mañana muy oportuno...
¿Podrías quererme igualmente
como en años anteriores?
No tomarías en cuenta mi aspecto demacrado,
sino mi espíritu gritando por un poco de descanso...
Llegar a viejo no es fácil,
mis pies no van a donde quiero;
mi corazón aún sigue inquieto por mi destino incierto
y mis ojos se deprimen
al ver los fantasmas del ayer...
Hoy te veo y recuerdo aquellos tiempos
en los que con alas rotas volaría hacia tí...
Hoy me recuerdo del ayer,
y miro al cielo, melancólico...
...y con lágrimas de viejo...
viernes, diciembre 29, 2006
Cuento De Hadas
Dejaste espacios entre lo que eras
y lo que querías,
y en este palacio de memorias
y de felicidad fingida
fuiste aprendiz...enseñando...
yo fuí maestro...aprendiendo...
Los recuerdos que nuestro albúm llena,
cargado de esperanzas y de palabras bellas,
hicieron que en el peor de los momentos
en soledad lloraras y me dejaras...
Y desde ese entonces no soy tan feliz
como el día que te conocí...
Un cine, dos amigos,
y un espacio en blanco para forjar destinos.
Hubo reflexiones que callé
y vacilé al propulsar mis teorías...
Liberaste un virus en tu memoria
y, ya no fuí mas,
parte de tu historia...
Los recuerdos que nuestras vidas llenan
cargados de sollozos y de sorpresas,
hicieron que en el peor de los casos,
aún estando enamorado,
de la ciudad huyera y me escondiera...
Y desde ese entonces años han pasado,
y hoy no soy tan feliz
como el día que te conocí...
En este Cuento de Hadas
años han pasado...
aún sigo muy a tu lado
y hoy no soy tan feliz
como el día que te conocí...
El destino...trae sorpresas...
en esta historia...el protagonista...
es el destino...los espacios...
los recuerdos...las teorías...
las memorias...las sorpresas...
El destino trae sorpresas...
y lo que querías,
y en este palacio de memorias
y de felicidad fingida
fuiste aprendiz...enseñando...
yo fuí maestro...aprendiendo...
Los recuerdos que nuestro albúm llena,
cargado de esperanzas y de palabras bellas,
hicieron que en el peor de los momentos
en soledad lloraras y me dejaras...
Y desde ese entonces no soy tan feliz
como el día que te conocí...
Un cine, dos amigos,
y un espacio en blanco para forjar destinos.
Hubo reflexiones que callé
y vacilé al propulsar mis teorías...
Liberaste un virus en tu memoria
y, ya no fuí mas,
parte de tu historia...
Los recuerdos que nuestras vidas llenan
cargados de sollozos y de sorpresas,
hicieron que en el peor de los casos,
aún estando enamorado,
de la ciudad huyera y me escondiera...
Y desde ese entonces años han pasado,
y hoy no soy tan feliz
como el día que te conocí...
En este Cuento de Hadas
años han pasado...
aún sigo muy a tu lado
y hoy no soy tan feliz
como el día que te conocí...
El destino...trae sorpresas...
en esta historia...el protagonista...
es el destino...los espacios...
los recuerdos...las teorías...
las memorias...las sorpresas...
El destino trae sorpresas...
sábado, diciembre 23, 2006
Aspirina
Soy la violencia con la que olvidas
los momentos bellos de toda tu vida.
Soy la sangre que brota por tus venas
(las que alguna vez brotaron amor).
Soy el volcán de tu mente, a punto de hacer erupción;
brotando lava y cenizas de dolor.
Soy quien en medio de la gente, tus problemas asume,
entiende y resuelve.
Soy toda la nostalgia de tu alma envejecida.
Soy el odio de tu personalidad reprimida.
Soy quien te hace sentir de rodillas
ante una gran cruz de dolor.
Soy, de tu ser, la resignación.
Soy el cañón que usas al pelear contra el peso
de toda una vida dedicada a los demás.
Soy el estallido de tus pulmones al gritar
de ira contra la gente.
Soy la brisa que sopla sobre la casa,
y tu las tejas que se quiebran al pasar.
Soy el problema, y tú la gente.
Soy un volcán, y tú un géyser.
Remezclo nuestro amor y muero de repente.
Un volcán se enamora de un géyser.
Tú sólo estallas, sincronizas, sonríes,
y sintonizas mi hermosa melodía...
Y eres la aspirina
que mi dolor de amor alivias...
los momentos bellos de toda tu vida.
Soy la sangre que brota por tus venas
(las que alguna vez brotaron amor).
Soy el volcán de tu mente, a punto de hacer erupción;
brotando lava y cenizas de dolor.
Soy quien en medio de la gente, tus problemas asume,
entiende y resuelve.
Soy toda la nostalgia de tu alma envejecida.
Soy el odio de tu personalidad reprimida.
Soy quien te hace sentir de rodillas
ante una gran cruz de dolor.
Soy, de tu ser, la resignación.
Soy el cañón que usas al pelear contra el peso
de toda una vida dedicada a los demás.
Soy el estallido de tus pulmones al gritar
de ira contra la gente.
Soy la brisa que sopla sobre la casa,
y tu las tejas que se quiebran al pasar.
Soy el problema, y tú la gente.
Soy un volcán, y tú un géyser.
Remezclo nuestro amor y muero de repente.
Un volcán se enamora de un géyser.
Tú sólo estallas, sincronizas, sonríes,
y sintonizas mi hermosa melodía...
Y eres la aspirina
que mi dolor de amor alivias...
Hombre De Las Nieves
Pedaleando a través de la fuerte nevada,
es difícil hallar la ruta hasta la aldea más cercana;
tan oscura y tan espesa es la niebla en la montaña...
No tengo amigos en mi cueva,
ni luz que ilumine mi senda...
No llegaré muy lejos en esta silla de ruedas...
Y es difícil hallar la salida cuando todo es hipocresía.
Entre la nieve que se derrite
voy aplastando corazones improbables...
Y soy abominable... y crujen mis dientes...
Soy el abominable Hombre de las Nieves...
Llego al pueblo entre la fuerte nevada,
parece estar deshabitado... pero en medio de la plaza
todos los aldeanos están reunidos;
se abrazan... se perdonan... se hacen amigos...
¡Es Navidad! ¡Es Navidad!
Y es difícil para mí creer que es de humanos
estar a la defensiva durante todo un año
y en un día perdonar
a los corazones improbables que nos han hecho daño...
Y soy abominable... y crujen mis dientes...
y todos huyen...
se derrite la nieve... hierve la nieve...
y soy El Abominable Hombre De Las Nieves...
es difícil hallar la ruta hasta la aldea más cercana;
tan oscura y tan espesa es la niebla en la montaña...
No tengo amigos en mi cueva,
ni luz que ilumine mi senda...
No llegaré muy lejos en esta silla de ruedas...
Y es difícil hallar la salida cuando todo es hipocresía.
Entre la nieve que se derrite
voy aplastando corazones improbables...
Y soy abominable... y crujen mis dientes...
Soy el abominable Hombre de las Nieves...
Llego al pueblo entre la fuerte nevada,
parece estar deshabitado... pero en medio de la plaza
todos los aldeanos están reunidos;
se abrazan... se perdonan... se hacen amigos...
¡Es Navidad! ¡Es Navidad!
Y es difícil para mí creer que es de humanos
estar a la defensiva durante todo un año
y en un día perdonar
a los corazones improbables que nos han hecho daño...
Y soy abominable... y crujen mis dientes...
y todos huyen...
se derrite la nieve... hierve la nieve...
y soy El Abominable Hombre De Las Nieves...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)