Anoche soñé me arrebataban un inmejorable beso, un beso de amor inquietante y traicionero que me temo no voy a ser capaz de olvidar con facilidad. El resto de los detalles que hicieron posible el sueño trascendental de haber sido vulnerado por un gesto de expreso deseo, tan efímero y determinante, me importa muy poco a decir verdad; lo determinante, lo que abre interrogantes en mi pecho es que, justo mientras dormía, estando entregadamente ausente, en el centro de mis carnosos, abultados e invitantes labios, disfruté la sensación de haber sido besado, contra mi sensatez y a favor de mi enfermizo y desatado deseo de romántico apasionamiento.
Despertar con la maravillosa sensación de haber sido colmado de apego por alguien a quien no recuerdo, me permitió jugar a las escondidas con mis propios pensamientos. El instante de amor robado fué absolutamente imaginario, y sin embargo, mi sensación, la de haber sido raptado por un afecto imposible de descifrar, permanece nítida e imborrable sobre mis labios sonrojados de sorpresa e inundados de culposo placer. Mientras me entregaba a las trampas del espacio onírico y mi ausencia de voluntad me hacía supremamente ensoñador, alguien sin rostro me besó para abrir grietas en mi conciencia.
Pensándolo bien, pleno, entregado, despierto, con mis cinco sentidos observantes y bien puestos sobre el peso de mis hombros, que yo recuerde, nadie me ha robado un beso. De hecho, se me ocurre suponer que la persona de borrosa identidad que anoche me despojó de la inédita sensación de no haber sido nunca sorprendido por un impulso no correspondido, podría quizas no ser tan desconocido. Los hombres que transitamos la vida con genuinas certezas individuales, y sin pedir mil veces permiso para ser y realizarnos a nuestras anchas, sin pruritos ni remordimientos, quizá podríamos recordar haberle robado un beso a alguien, alguna vez... un beso...pero ¿ser presos de un gesto de inesperado arrebato romántico? ¡eso jamás!
Montones de instantes cinematográficos se han quedado clavados en el túnel de mis recuerdos, muchos de ellos, los más cursis y premeditadamente románticos me resultan, de hecho, absolutamente imposibles de olvidar. Paradójicamente, creo que nunca deseé conscientemente ser víctima de un hurto en el terreno de lo carnal, de lo sensual, de lo físico. Siempre he preferido medir los riesgos del cuerpo con cierta premeditación y alevosía para no correr con las consecuencias de un malentendido en el plano emocional. Quizá por eso nunca alguien me ha robado un beso. Sin embargo, como cualquier hombre independiente y dependiente, frágil y temerario, emprendedor y endeble, coherente y contradictorio, constante e inconsecuente, fuí inmensamente feliz al ser tomado por sorpresa por el placer más tramposo de todos: el de la mente...
El riesgo tiene sus recompensas aunque a veces el precio de delinquir sea demasiado alto para justificar una vida al borde de la cuerda floja. No sé si anhelaba realmente ese beso que anoche me robaron, porque hoy tengo la sensación de haber vivido a medias y haber cometido un irremediable error mientras dormía. Sin la clara determinación de mi lado consciente, mi inconsciente me puso contra la pared para que yo pudiera escucharme desde la felicidad inédita y desde el miedo a lo desconocido, y junto al placer de un beso robado, me asaltan ahora tantas dudas que no escucho con la claridad de siempre mis añejas certezas.
Presiento que anoche me fué arrebatado un beso lleno de misterio y la clara determinación de ser el hombre que siempre decide cuáles puertas abrir y qué caminos tomar. La dulzura tiene miles de rostros y el vértigo también, por eso espero reconocerme a mí mismo entre sueños inocentes y en el semblante de quien ayer me robara un gesto de amor tan intenso y eterno. Creo que yo mismo quería besarme para decirme en secreto cosas que no me atrevo a reconocer frente al espejo. El hombre que desea desesperadamente ser feliz, se siente frágil y me está poniendo pruebas para medirse frente al engaño y la trampa. No puedo caer en el ardid de creer que el mundo es un lugar seguro, pero puedo contarles que anoche alguien me robó un beso, y fuí infinitamente feliz mientras el gesto duró...
(C.T.)
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