...¿Qué hacer cuando las palabras inundan los pensamientos? ¿cuando las letras se pierden juntas?...Yo decidí fabricarles un espacio finito, y atacar los dolores que me causan con una común medicina...lugar al que pueden acceder...medicina que les invito a compartir... Bienvenidos

Acerca de mí

chico weirdo, con un carácter en franca y permanente mutación, hiper y autocrítico; visionario, que se debate entre su alter-ego estoico y su alter-ego visceral...

viernes, mayo 23, 2008

Luz Oblícua

Te escribo desde un cybercafé en Valencia, esperando aún mi encuentro con mi futuro jefe. Tengo una taza de café por compañía. Un café malo, casi fraudulento. Pero si vieras cómo ésta luz de ahora, sesgada por las nubes, va dorando la taza. Va dorando todo, las paredes graffiteras del local, los rostros de los mocosos mientras juegan en sus computadores, el vapor de la cafetera, el olor a aire acondicionado, mi taza… La luz crepuscular, esa de la que tan poco sé, y que al final de la tarde se hace rosa, naranja y oblicua… Es casi la misma y rara luminiscencia que tenían esas mañanas en las que te me escapabas mientras aún dormías, y te miraba mientras tú mirabas otras mañanas en tus sueños. Otra vez te miraba y otra vez era una mañana de tus sueños de pura luminosidad vital. Y ahora te recuerdo. Te veo soñando tus sueños de tanta esperanza inmune, tan robustos, que tus manos los han aprendido de memoria desde siempre…

Y acá está esa luz otra vez. Y cómo te extraño. A ti y a tus sueños de tantísimas estrellas. De aquí saldré a caminar, y a esperar al Ingeniero. Caminar, es lo que he hecho en los últimos días. Pero no he caminado. Vagar es lo que he hecho. Vagar es lo que hace uno solo. Dos, en cambio, siempre van a alguna parte. Tú y yo estuviéramos yendo a alguna parte. Sobre eso le preguntaré al Ingeniero, a él que es matemático y le encanta, como yo, escribir y pensar absurdos. A los aritméticos les concedo que cuatro es dos veces dos. Pero dos no es dos veces uno. Dos es dos mil veces uno… ¿Y esa frase se la robé a quién? ¿A Chesterton? ¿A Humpsty Dumpty? ¿A alguna cursi canción de The Noisettes?... Contigo aquí, o donde fuese, sería yo dos mil. Dos mil oyendo fascinado tus estupideces inteligentes o tu risa. Dos mil hipnotizado por tu despiste hipnotizador. Dos mil porque le regalas belleza a la imperfección… Y ya, me dejo de numeritos y letras. Y me despido. ¡Si vieras esta luz extraña! Recibe de mí un beso. Vago, esperando pronto verte, y caminar ya a una o todas partes. Te miro siempre desde tus sueños, y en mi pensamiento, en el centro del punto luminoso. Va otro beso, por si el anterior se lo llevan los duendes del Internet. El tercero espero dártelo alguna vez en persona, cuando, prontito o no, y sin matemáticas, te vea…

lunes, marzo 17, 2008

DESDE EL DÍA QUE TE CONOCÍ

Sólo me bastaron tres horas, tú, y una sala de cine, para quedar sumamente perturbado. Nunca había sentido esa mezcla de embriaguez mental y cosquilleo corporal. Nuestro encuentro fue algo no tan casual, ¡quién diría que una simple salida al cine pudiera ser tan gratificante! No sabía bien quién eras ni de dónde venías, me parecían españoles tus apellidos, tus maneras algo francesas, tu estilo y acento algo caraqueños, y tu belleza un tanto infinita. Tus ojos almendrados parecían guardar secretos, con un toque de luz, como la que desde ese momento inundaría muchos de mis rincones. Pudimos vernos, hablar, conocernos brevemente, luego compartir unos meses, para después crecer por años: de eso cuentan ya nueve, y parece una eternidad.

Acá, frente a la pantalla, trato de escribir un esbozo de lo que significas para mí, con la ilusión de no sonar tedioso, repetitivo y tonto. Y con esperanzas de que, en retrospectiva franca, recuerdes por un segundo y puedas mirar aquel horizonte. Quizá algún día de estos nos encontremos nuevamente, pero con la certeza de que ya seremos otros, pensaremos de manera distinta, pero el nexo seguirá ahí, de la misma manera que aún existe… u otra. De esta manera se nos hará difícil olvidar cómo y cuándo nació lo que siento por ti…

domingo, febrero 10, 2008

Poquísimos Amigos

Tanto y todo que se habla del amor, tanto tiempo que se invierte en conseguir por fin una pareja, un hombre perfecto, una mujer ideal, tanta dieta, tanta cirugía plástica, tanto dinero, tanto insomnio, tanto despecho, tanta locura, tanto milagro implorado... y no notamos que quizá el verdadero milagro está siempre muy cerca de nosotros, a nuestro lado, sonriendo, acompañando, sirviéndonos un traguito, conversando... Hago referencia a los amigos, amistades, panas, los de siempre y hasta los nuevos. Son pocos, poquísimos, a veces son mucho menor en número que las personas de las cuales nos hemos (o de las cuales hemos creído estar) enamorado en la vida. En el mejor de los casos los verdaderos amigos no llegan ni siquiera a ser diez ¡pero como son valiosos! ¿o no?.

Se me ocurrió escribir sobre la Amistad con A mayúscula porque estoy en una de lectura y relectura a Padura Fuentes, grandioso escritor cubano que escribe a su antojo sobre crímenes y sobre la polvorienta Habana, pero, sobre todo, sobre ese bello sentimiento. El Conde, su personaje magnífico, tiene muy pocas cosas, poquísimas, pero tiene al Flaco, su amigo, y con eso lo tiene todo. A mí, quizá debido a mi carácter, la verdadera amistad me resulta extremadamente conmovedora. Esa familia que uno elige y que lo escoge a uno, con virtudes y defectos incluidos, que está siempre que debe estar, en las malas, y en especial, en las buenas (que es tan difícil), es la que te hace realmente llevadera la vida. Yo, debo confesarlo, no soy (ni quiero ser) como Roberto Carlos, no quiero ni necesito ni mucho menos tengo un millón de amigos. Tengo poquitos, pero sí les debo un millón de momentos mágicos, centenares de ideas geniales, sonrisas reales, incluso algunos silencios, lágrimas, y miradas llenas de mutua complicidad. Es más, considero que los grandes momentos con la pareja, los que llegan a ser verdaderamente trascendentes, son esos en los que se descubre que mucho mas alla del idílico romance y el buen sexo, se ha logrado ser amigos. Cuidado y ahí está el truco de esos viejitos que pasean tomados de la mano aún después de mil años juntos; quizá ya no se gusten, quizá sí, pero segurísimo que son excelentes compañeros y amigos. Y es así, entre ellos se han tropezado y han caído, han echado suficientes cuentos, importantes o no; se han reído de muchas derrotas, cotidianas o gigantescas; han hablado de su amor y hasta de otros amores, mal o bien; o sencillamente, para comentar que se leyó un buen libro o se vió una gran película, que no terminará de ser buena o grande sino hasta que se comente con ese gran amigo. Yo, a mis amigos, los extraño todo el tiempo y muchísimo, mucho más de lo que los llamo para decírselos, porque vivo inmerso en mis zoquetadas, y porque les respeto demasiado la intimidad, y porque cuando veo que me responden me conmuevo demasiado. Vivo conversándoles en mi mente, y hasta a veces en persona (o por Internet, que últimamente se ha vuelto lo mismo). Por eso arranqué queriendo decir, ¿qué tanto amor, qué tanto romance, qué tanta obsesión por el hombre o la mujer perfectos?, si no hay nada más perfecto que un amigo. Ya sé que en ésta época de vacaciones no es buena fecha para acercamientos porque tienen una acentuación muy familiar, y no siempre la familia de los amigos también es amistosa, y ni modo... Pero mañana, al comenzar la cotidianidad, también comienza una nueva oportunidad. Dénle una vueltita a sus amigos, total, son poquísimos, y agradézcanles el milagro de existir...
Gracias...