...¿Qué hacer cuando las palabras inundan los pensamientos? ¿cuando las letras se pierden juntas?...Yo decidí fabricarles un espacio finito, y atacar los dolores que me causan con una común medicina...lugar al que pueden acceder...medicina que les invito a compartir... Bienvenidos

Acerca de mí

chico weirdo, con un carácter en franca y permanente mutación, hiper y autocrítico; visionario, que se debate entre su alter-ego estoico y su alter-ego visceral...

domingo, febrero 10, 2008

Poquísimos Amigos

Tanto y todo que se habla del amor, tanto tiempo que se invierte en conseguir por fin una pareja, un hombre perfecto, una mujer ideal, tanta dieta, tanta cirugía plástica, tanto dinero, tanto insomnio, tanto despecho, tanta locura, tanto milagro implorado... y no notamos que quizá el verdadero milagro está siempre muy cerca de nosotros, a nuestro lado, sonriendo, acompañando, sirviéndonos un traguito, conversando... Hago referencia a los amigos, amistades, panas, los de siempre y hasta los nuevos. Son pocos, poquísimos, a veces son mucho menor en número que las personas de las cuales nos hemos (o de las cuales hemos creído estar) enamorado en la vida. En el mejor de los casos los verdaderos amigos no llegan ni siquiera a ser diez ¡pero como son valiosos! ¿o no?.

Se me ocurrió escribir sobre la Amistad con A mayúscula porque estoy en una de lectura y relectura a Padura Fuentes, grandioso escritor cubano que escribe a su antojo sobre crímenes y sobre la polvorienta Habana, pero, sobre todo, sobre ese bello sentimiento. El Conde, su personaje magnífico, tiene muy pocas cosas, poquísimas, pero tiene al Flaco, su amigo, y con eso lo tiene todo. A mí, quizá debido a mi carácter, la verdadera amistad me resulta extremadamente conmovedora. Esa familia que uno elige y que lo escoge a uno, con virtudes y defectos incluidos, que está siempre que debe estar, en las malas, y en especial, en las buenas (que es tan difícil), es la que te hace realmente llevadera la vida. Yo, debo confesarlo, no soy (ni quiero ser) como Roberto Carlos, no quiero ni necesito ni mucho menos tengo un millón de amigos. Tengo poquitos, pero sí les debo un millón de momentos mágicos, centenares de ideas geniales, sonrisas reales, incluso algunos silencios, lágrimas, y miradas llenas de mutua complicidad. Es más, considero que los grandes momentos con la pareja, los que llegan a ser verdaderamente trascendentes, son esos en los que se descubre que mucho mas alla del idílico romance y el buen sexo, se ha logrado ser amigos. Cuidado y ahí está el truco de esos viejitos que pasean tomados de la mano aún después de mil años juntos; quizá ya no se gusten, quizá sí, pero segurísimo que son excelentes compañeros y amigos. Y es así, entre ellos se han tropezado y han caído, han echado suficientes cuentos, importantes o no; se han reído de muchas derrotas, cotidianas o gigantescas; han hablado de su amor y hasta de otros amores, mal o bien; o sencillamente, para comentar que se leyó un buen libro o se vió una gran película, que no terminará de ser buena o grande sino hasta que se comente con ese gran amigo. Yo, a mis amigos, los extraño todo el tiempo y muchísimo, mucho más de lo que los llamo para decírselos, porque vivo inmerso en mis zoquetadas, y porque les respeto demasiado la intimidad, y porque cuando veo que me responden me conmuevo demasiado. Vivo conversándoles en mi mente, y hasta a veces en persona (o por Internet, que últimamente se ha vuelto lo mismo). Por eso arranqué queriendo decir, ¿qué tanto amor, qué tanto romance, qué tanta obsesión por el hombre o la mujer perfectos?, si no hay nada más perfecto que un amigo. Ya sé que en ésta época de vacaciones no es buena fecha para acercamientos porque tienen una acentuación muy familiar, y no siempre la familia de los amigos también es amistosa, y ni modo... Pero mañana, al comenzar la cotidianidad, también comienza una nueva oportunidad. Dénle una vueltita a sus amigos, total, son poquísimos, y agradézcanles el milagro de existir...
Gracias...