Y acá está esa luz otra vez. Y cómo te extraño. A ti y a tus sueños de tantísimas estrellas. De aquí saldré a caminar, y a esperar al Ingeniero. Caminar, es lo que he hecho en los últimos días. Pero no he caminado. Vagar es lo que he hecho. Vagar es lo que hace uno solo. Dos, en cambio, siempre van a alguna parte. Tú y yo estuviéramos yendo a alguna parte. Sobre eso le preguntaré al Ingeniero, a él que es matemático y le encanta, como yo, escribir y pensar absurdos. A los aritméticos les concedo que cuatro es dos veces dos. Pero dos no es dos veces uno. Dos es dos mil veces uno… ¿Y esa frase se la robé a quién? ¿A Chesterton? ¿A Humpsty Dumpty? ¿A alguna cursi canción de The Noisettes?... Contigo aquí, o donde fuese, sería yo dos mil. Dos mil oyendo fascinado tus estupideces inteligentes o tu risa. Dos mil hipnotizado por tu despiste hipnotizador. Dos mil porque le regalas belleza a la imperfección… Y ya, me dejo de numeritos y letras. Y me despido. ¡Si vieras esta luz extraña! Recibe de mí un beso. Vago, esperando pronto verte, y caminar ya a una o todas partes. Te miro siempre desde tus sueños, y en mi pensamiento, en el centro del punto luminoso. Va otro beso, por si el anterior se lo llevan los duendes del Internet. El tercero espero dártelo alguna vez en persona, cuando, prontito o no, y sin matemáticas, te vea…
...¿Qué hacer cuando las palabras inundan los pensamientos? ¿cuando las letras se pierden juntas?...Yo decidí fabricarles un espacio finito, y atacar los dolores que me causan con una común medicina...lugar al que pueden acceder...medicina que les invito a compartir... Bienvenidos
Acerca de mí
- Gr3c0v3
- chico weirdo, con un carácter en franca y permanente mutación, hiper y autocrítico; visionario, que se debate entre su alter-ego estoico y su alter-ego visceral...
viernes, mayo 23, 2008
Luz Oblícua
Te escribo desde un cybercafé en Valencia, esperando aún mi encuentro con mi futuro jefe. Tengo una taza de café por compañía. Un café malo, casi fraudulento. Pero si vieras cómo ésta luz de ahora, sesgada por las nubes, va dorando la taza. Va dorando todo, las paredes graffiteras del local, los rostros de los mocosos mientras juegan en sus computadores, el vapor de la cafetera, el olor a aire acondicionado, mi taza… La luz crepuscular, esa de la que tan poco sé, y que al final de la tarde se hace rosa, naranja y oblicua… Es casi la misma y rara luminiscencia que tenían esas mañanas en las que te me escapabas mientras aún dormías, y te miraba mientras tú mirabas otras mañanas en tus sueños. Otra vez te miraba y otra vez era una mañana de tus sueños de pura luminosidad vital. Y ahora te recuerdo. Te veo soñando tus sueños de tanta esperanza inmune, tan robustos, que tus manos los han aprendido de memoria desde siempre…
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